Escritor no es una profesión, y aunque lo han certificado varios, no coinciden en lo que es realmente, y hoy me lo pregunto por “n” vez, cuando me dejo seducir por el teclado.
Pues por nada quería estremecer mis neuronas y dendritas, pasadas unas cuarenta y ocho horas cinematogràficas, aunque tambièn no hay mejor cinematógrafo que la vida.
Un amanecer para empezar, enterrado en una dunas peor que Lawrence de Arabia, y en la madrugada de un día que pretendía ser frío y al final lo logró, y con el eje de mi “poderoso 96”, sumido hasta el cuello, cual una movediza trampa, y sin ninguna posibilidad de “salir” a la superficie.
Con una amanecida recalcitrantemente apegada a su función, cual militar y cumpliendo con el pronóstico anual de las salidas del sol para este hemisferio, fría como los diablos, y refrescada además por un océano que se adivina por las rompientes olas que han sido mi música durante lo que ha sido y quedará de noche, mientras la arena me devora.
No hay posibilidades de escapar, ante la soledad y despoblado, me digo cuando insisto en una feroz acelerada que ahora si me deja sin ninguna oportunidad y hasta me imagino sepultado vivo, cuando los primeros rayos de sol literalmente van mostrando la línea del horizonte, como si el sol viniera del occidente, fenómeno que analogo a ese que se produce cuando vamos hacia la montaña y al revés de va alejando por el efecto “x”…jajajajaja.
No tengo otra cosa que reir por terapia, cuando a la distancia se adivina el motor de un todo terreno, me digo, sin verlo, pero suponiéndolo por la seguridad con que su conductor sube y baja las dunas, y apareciendo dibujado de a poco mientras el sol tenue entibia, pero no calienta, un espectáculo hasta lunar, por lo de la imagen ésa de Armstrong, recorriendo nuestro satélite natural, y que me quedó marcada en los sesenta…
Obviamente mi aspecto, delata la solicitud de auxilio, aunque los tiempos que corren daban para desconfiar mutuamente.
De hecho el conductor de la ahora de cerca casa-rodante, se deja llamar insistentemente e incluso un perro compañero desciende primero del camión transformado magníficamente en casa, y me ladra de una forma nada amistosa, sin embargo al final, la ayuda viene en forma de un ermitaño del siglo 21, vestido como motociclista y térmicamente, que al principio desconfiado como un “estoico” Diógenes, mira alrededor mío, pero cuya aura, la mía digo, lo deja investigar ahora luego de un saludo poco protocolar y más frío que el de Bielsa al presidente, las ruedas del auto que quiso ser “cuatro por cuatro”….
Cruzamos unas palabras, y a pesar de la hora, la tragicómica situación, la crisis mundial del petróleo y la contaminación, el odio de los pueblos contra los otros pueblos más odiosos, la depredación, la aniquilación del medio ambiente, la política, su apellido de origen judío y del reciente ataque de sus iguales a un buque con ayuda humanitaria, el tráfico de armas y drogas, el calentamiento global, la crisis de energía, la explotación de los niños, y los suicidios de los trabajadores chinos por lo bajo de sus sueldos y excesivas horas de trabajo, la falta de libertad, las dictaduras de todo tipo, procedió a abrir una bien aprovisionada bodega con palas y cadenas para desenterrar al hasta esa hora fiel “poderoso” pero conciente de sus limitaciones, que ya se veía ser vendido por chatarra, cuando un rugido de su motor libre, lo hizo cabalgar por la estepa litoralina, gracias a la ayuda, de quien me confesaría amigos ya, ser dueño de un gran local de Viña del Mar por todos conocido, y que arranca del mundanal ruido, mientras yo clamaba por volver a él.
Cosas de la life, pienso, mientras agradezco el gesto en esta columna guardando identidades, protagonistas, agregando un gesto extra, que lo catapulta a mi ahora “amigo” al estrellato….no hacía un mes que se había operado de su columna vertebral, y lo menos que debería haber realizado esa mañana, este año, y el próximo, es trabajar con la pala. Sería tútix.
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sábado, 5 de junio de 2010
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