“Los escritores de Chile, tendrán que escribir con sangre, y así nacerá nuestra literatura”.
Pablo Neruda, Confieso que he vivido.-
Nos gusta que nos cuenten cuentos, y que nos acorralen contra la lona, para después tal como decía Córtazar, noquearnos con un súacate, directo al mentón.
No nacimos, contradictoriamente en un país mapuche peleador por antonomasia, para Martín Vargas o Arturo Godoy, si no para cloroformarnos con historias que nos emborrachen la perdiz.
¿Urdemales acaso no es chileno, y el Cuento del Tío también?.
Pero lo más trágico, es que esto apareja que nos mientan.
No hay verdades tercas como decía Cheever.
Mi papá llegó escandalizado desde Tacna para el 60, porque un chapa le había cobrado 1000 soles de oro al taxista que lo trasladaba por pasar una roja.
Sin embargo al llegar, traía regalos, entre ellos uno para el carabinero de Cartagena , que le había perdonado un Ceda el Paso de aquellos años, incluso el Cabo Mora fue amigo de él, hasta que se murió.
El lanza de moda en Chile, es tomado con pinzas ahora, y se lo achacan a la falta de oportunidades, a la diversidad, y lo comparan con Al Capone, con esa indecencia mental de analogarnos a los gringos apenas podemos meter la puntita.
Los ingleses de Sudamérica somos, Talca París y Londres nuestro lema, y preferimos a John Le Carré, por sobre todas las cosas, antes que a la Isabel Allende.
La sección alcoholes de un Supermercado de la cadena de un alemán, que este larguirucho fundo acogió cantándole el “Si vas para Chile”, bullía este martes noche, en que andaba solo, y me di el gusto de barometrarlo.
El rincón ubicado estratégicamente, lucía abarrotado con treinta lolos, que jugaban a ser engrupidos por los packs alcohólicos con precios ofertones, etiquetas con fotos del Caribe, y presentían ya, bajando por sus gargantas luego, el élixir que los sacaría de la depresión, en un país que está en la cola del mundo, cuyas calles invernales solitarias, padres separados o adúlteros, la televisión exhibiendo realities, los teléfonos prepago luchando contra la comunicación con tarifas engañosas, los empujan al vacío con paracaídas.
Yo lo hago en caída libre.
Pero, ante la crisis, la literatura, puede jugar un papel clave, lo soñé.
De hecho iba a escribir sobre milagros, y me di una vuelta en el aire, aunque necesitamos uno o varios.
Decía, la literatura, porque El Río, Eloy, Hijo de Ladrón, y hasta Taxi para Tres, han podido más que Alessandris, Frei, milicos todos, y la viudez desconsolada de los allendistas.
Remece el alma un cuento, más que una estadística, un Sename cultivo de “choros”, y realidades exponenciales elevadas al coeficiente “n”, la economía social de mercado y el Mea Culpa.
Me estacioné digo, en medio de los cabros y sin preguntar siquiera, escuché las voces que se atropellaban porque les prestara oreja el amigo, más que discernir la calidad de copete que iban a tomar, lo que me resultó pretexto pa” espantar la soledad.
Hasta el sida o el cáncer suena menos doloroso que aquello, y el código de barras luego, aullando como una alerta máxima ante la máquina registradora, un allanamiento para vaciar hasta el último peso que la economía liberal rejuntará con los de los otros elefantásticos “super”, este martes con la complaciente sonrisa del alemán que cerró tres días, y se recuperó en la mitad de uno.
Pero que bah, vamos literatos todos, recreemos al autor de los palos a la anciana, a los mineros y su angustia….basta de ayayays, discusiones forales de domingos por la mañana en canales que nadie ve, a periodistas mirando fijo, SIN VER, a la cámara para hacer lo del de Santiago o CNN, como aguachando al próximo criminal en serie para vender titulares y a madres llorando lo irrecuperable.
¿De acuerdo?
Hay eso sí, que premunirse de cuero de chancho, pues el kiosco de la esquina no me tiró azahares al otro día, sino que la sonrisa del Cura Berríos subiendo a un aerobús que lo lleva a Africa a corregir cizarritos negros, y a carabineros que cumplen guardias del doble de las que hacen en La Legua, pero en Haití, y con suculento viático.
No importa gallo, la literatura todo lo puede, y pretendo seguir en la cruzada.