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vasos vacios

viernes, 7 de enero de 2011

Mi abuela en el funi, mientras Neruda "funí-funá"




Las abuelas son tomadas como cosa de artificio, rara, y se apela a ellas siendo pequeño para aplacar dolores de muelas, castigos, o para pedir un diente nuevo, igual que al Ratón Pérez.
Para mí, mi bisabuela materna, no fue la excepción, y también sí, pensándose bien…
Madre de la madre de mi madre, ocupó ese lugar que la una por ser muy joven y religiosa, esquivó como un delantero del rugby , y que mi madre justificó con un :”total, para eso está la bisabuela”…
Que lata que haya que irse al pasado, y empezar a sacar cosas de la memoria, y no de la alforja del presente, pero ella todo lo justifica…
Caminaba con su traqueteo simpático, que todavía no era nostalgioso, por esa calle de Los Angéles, no en vano vivía yo ahí, un cuasi-ángel, temprano como la gallinas y las gaviotas, y debe haber sido casi madrugada, con un bolso, que ahora no sería precisamente un Louis Voitton, luego de haberse apeado de una micro color petróleo, y de indescifrables para mí destinos, anotados en una cuartilla de cholguán, apoyada contra el vidrio delantero…
Bueno, de la puerta de ese cachivache, bajábase la milagrera abuelita, pues decirle bisa, era ofenderla…
Fueron maravillosas visitas con ella los jueves, al Zoológico santiaguino, el único del país que se repartían conservadores y liberales en ese tiempo, subiendo por el funicular, que se encaramaba cerro arriba mediante un cable de acero, que había sido la espía de un buque nazi, no se si elegida por la calidad, o por capricho político ¿¿??, mientras abajo en el plano, Neruda a unos metros , ya gorreaba a la Hormiguita, y preparaba a la Chascona, para agasajar a Matilde, una ex bataclana, que con el tiempo escribiría paradojalmente las Memorias de un Pablito comido por el cáncer…
Cuando subíamos y subíamos, mi abuela sólo nos contaba cosas digeribles para nuestros estómagos mentales, sin sacarse un pucho “particular corcho” de su boca de labios finos, pero a la manera de los coños españoles, como su padre, a quien se le había ocurrido..¡¡oh, insigne fatalidad la nuestra de hacer cosas al revés!!, ser pastor protestante en la España republicana, carajo…Benito Soto, entonces arrancó en un buque, que después el mismo Neruda inmortalizaría como Winnipeg, y para salvar vidas íberas como la del bisabuelote, lo que habrá expiado su mujeriega y engañosa vida marital..
Generalmente un tío abuelo, de nombre Bartolomé y con una pinta de oveja negra, cuyo término al mirarlo a él, entendíamos con mi hermano como lo más natural, o sea lo convertía en arquetipo, nos acompañaba, y parecía ser que los consejos que la abuelita repartía al aire cada vez más fresco en el tren sin ventanas, sin vidrios, eran más para él, que lucía en el bolsillo de su eterna camisa blanca sin corbata, una figura blanca en fondo rojo, que nos cautivaba, y que después analogué a la estatua de la libertad…claro, si era el logo de la cajetilla de cigarrillos, que él fumaba : Liberty…
Que manera de fumar los coños, madre e hijo, en los tiempos en que echar humo era libre como la estatua ésa…
¡¡No saquen las manos del tren, que pueden quedarse sin ellas!!, clamaba, bueno no…ordenaba mi abuela en realidad, asustándonos con una futura Teletón, mientras los algodones que había comprado a un tipo impecablemente de blanco en la estación base, se nos pegajoseaban en las ropas, aunque por nada del mundo nos desentendíamos de la dulce azúcar, que hace tiempo no pruebo por el daño que hace ¿por qué en ese tiempo no?...
El llegar casi 500 metros más arriba, a un parque zoológico, tipo Zoo gringo, con todas sus letras, camuflado en la falda del cerro era el acábose, el abracadabra, el Shangri Lá, para nuestra corta vida, salpicada hasta ese momento de historias de vaqueros honrados, que con pistolas de cachas de concheperla, cruzaban el oeste…acá, en este hemisferio nosotros, y al norte del Río Mapocho, íbamos a ver a la elefanta Fresia, a regalarle maní, mientras abajo ya don Pablo, seguramente se había despojado de su guayabera liqui-liqui, y mezclaba sensaciones hipotalámicas en un tálamo, rodeado de sus colecciones de caracolas…
Pablo era un enemigo de la invasión americana a Cuba, mientras nosotros éramos tapizados de cigarrillos hasta con nombre y dibujos de estatuas gringas, leíamos revistas de vaqueros, usábamos pecos billes, mi tío brillantina, y mi abuelo ya dormía el sueño eterno…creo, sin falsa modestia que mi abuela-bisabuela, era lo más auténtico, pues hasta el bolso se lo había confeccionado ella, y con sarga nacional…

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