
Caminé por Viña del Mar, por callejones, y calles sin salida, para tratar de encontrar a la otra Viña.
Me encontré con pasos cada vez más estrechos, oscuros, y sin colores, escuchando como sonido de fondo, el del mar, que chocaba contra las paredes, imaginándome como un murciélago que se orienta por el sistema de radar que portan desde que nacen, y en el cual se basaron los científicos para implementarlos en las naves que surcan el cielo y los océanos, pero, seguí caminando, y ahora eran las escarpadas laderas de las faldas de los cerros, las que me tentaban a subirlas a pesar del cansancio…
Caminé hacia arriba y con la tranquilidad mental del que cree bajará de peso con el ejercicio, terrenal pensamiento para tan noble actividad, un pretexto también para tratar de encontrar a Viña y a mí mismo…
Recordé además que el último sábado social, un poeta en plena Reñaca, se atrevió con que Viña era una copia de la distribución porteña de calles…
Bueno, por lo menos en los perros que ladraban a mi paso se nota una hermandad como ciudad, que nadie ni la Sociedad Protectora de Animales ni la Sociedad Humana contra los Animales podrá derrotar fácilmente…
Serenos, rumbo a sus edificios y casas que vigilar, drogadictos y alcohólicos semi escondidos bajo pimientos y eucaliptos introducidos, y por contrapartida con una vista maravillosa e infinita del mar, eran ahora el entorno, para Viña la Bella, mientras abajo en el plan, yo sabía, los perseverantes empleados de cuanta ocurrencia administrativa existe, manipulaban el presupuesto antojadizamente para teóricamente acabar con los que cada día son más en forma de cimarreros, desocupados, insanos y escritores.
De pronto sentí que alguien me observaba desde la proyección de las ramas de árboles que caían hasta el suelo como besándolo en un acto de opereta, pero lo atribuí a mi estado de vigilia creacional y de inspiración por el momento, y seguí camino arriba, para llegar al techo de Viña la bella.
Me siguió no obstante la sensación, y a pesar de no poder identificar algún cuerpo humano con esa intención, creo que hasta cuando volví cerro abajo, y hasta cuando anotaba en una libreta las ideas que me afloraban, y que guardo para no hacerlas víctima de mi precoz Alzheimmer, me seguían vigilando..
A veces uno achaca a esas sensaciones formas, figuras, colores, intenciones, rostros y hasta caracteres, pero no, esta vez fue algo diferente, y en un momento fue como una mutua presencia, que sin embargo no fue obvia y me quedé con la duda.
Amigos, creo que Viña la bella, Valparaíso, Santiago, y cualquier ciudad del mundo, tienen espíritu, y estuve esta tarde cerca, muy cerca del que opera en Viña del Mar, como del mío…
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